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sábado, 26 de octubre de 2013

Palco de Prensa: El vacío de poder.



                                        Por : Gilberto LAVENANT

Hay quienes comparten la idea, y sobre todo la pregonan e impulsan, que en el proceso de transición de los gobiernos, sean federal, estatal o municipal, se da algo que llaman “vacío de poder”, que supuestamente aprovechan algunos “vivillos”, principalmente aquellos que viven al margen de la ley, para hacer cosas, que en tiempo normales no se atreven.

Pero hablar de vacío, significa que en un lapso determinado, no hay poder. No hay autoridad. Nada de eso. Son simples pretextos, de los que se van, para desentenderse de sus funciones, propiciar el relajamiento y dejar que sus relevos, dizque novatos en la función, y por lo tanto desconocedores, enfrenten presiones de todo tipo y fuera de control.

Es necesario precisarlo, para evitar confusiones y especulaciones. Los que se van, tienen el poder, hasta el último minuto en que conforme a la ley ostentan los cargos y ejercen las funciones que les fueron asignadas. Y los que entran, empiezan a ejercer el cargo, con sus respectivas funciones, a partir del primer minuto que especifica la legislación aplicable.

Sin embargo, comúnmente ocurre, que los que se van, avisan a los grupos o sectores con los que estaban comprometidos, aquellos que “les pagaban piso”, para que presionen a los nuevos, si es que desean continuar disfrutando las mismas facilidades y condiciones bajo las cuales vinieron operando. Ya nos vamos entendiendo.

Los que se van, o sea los funcionarios que concluyen gestión, a lo largo de tres o seis años, lograron establecer controles, muchos de ellos a valores entendidos y mediante el pago riguroso de cuotas, cuyos montos varían de acuerdo a la actividad y dimensiones de la zona en que operan. Nada de que abatieron la incidencia delictiva. La “controlaron”.

Eso de que, en especial los malandros, aprovechan esta etapa de supuesto vacío de poder, y que por ello aumentan los índices delictivos, que se lo cuenten a los ingenuos. Los que se van, relajan los controles, tratando de evidenciar o acreditar, que ellos eran o son más efectivos e imprescindibles que los nuevos, que los que habrán de relevarlos.

Y si esos malandros, por mencionar oficio o actividad, meramente como ejemplo, acentúan un poco sus actividades, aprovechando la anuencia de los que se van, dan la apariencia de que efectivamente, quitar a tal o cual funcionario, puede resultar contraproducente y que por lo tanto, mejor que continúe en el cargo. Por ello, básicamente, el vacío de poder.

Podría decirse, que es el caso de Daniel de la Rosa Anaya, que repite en el cargo de titular de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, encuadra en esta hipótesis o forma de conducta. El área de su competencia, es una de las más delicadas y, si se le retira, podría desencadenar violencia e inseguridad, dirían algunos.

Sin embargo, aunque el citado funcionario logró algunas constancias de buena conducta, la verdad es que la corporación, que hasta ahora encabeza y supuestamente seguirá encabezando, se ha distinguido por ser una de las que más casos de abusos, prepotencia, salvajismo y agresiones ciudadanas han cometido.

En ese caso particular, y en otros, los relevos son importantes y necesarios, porque se oxigenan las instituciones, se rompen los compromisos contraídos, y permiten que los relevos, identifiquen las fallas y excesos que se han venido desarrollando y que el funcionario en turno, no las ve, o simula no verlas, porque dió su anuencia para ello.

De la Rosa no es lo máximo en seguridad pública, ni es insubstituible, como lo ha demostrado el hecho de que no ha tenido la capacidad, ni la voluntad, para acabar con las salvajadas de los llamados “pepos”, tan conocidas y padecidas por muchos bajacalifornianos.

Pero en fin, el tema es el supuesto vacío de poder. Sabedores de que los nuevos funcionarios, tardarán tiempo en “encancharse” en sus respectivos cargos, los que se van aprovechan para “meter algunos goles”. En los últimos días, horas y minutos, otorgan permisos y concesiones de todo tipo, con una “generosidad” extraordinaria y en muchos de los casos, los nuevos, efectivamente no se percatan de ello, y si las llegan a conocer, las toleran, porque así es la costumbre y, seguramente, ellos harán lo mismo, cuando concluyan su gestión.

Son los llamados “usos y costumbres”, tan arraigados en el sistema político mexicano, a los que se añade la vieja costumbre de conjugar el verbo tapar : Yo te tapo, tú me tapas, ellos nos tapan, nosotros nos tapamos. Y aplican aquello de que “perro no come perro”.

La verdad es que, al término de cada gestión administrativa, se debe realizar una auditoría, más estricta y detallada, estableciendo un plazo amplio para ello, fincando responsabilidades, hasta llegar al ejercicio de la acción penal, en contra de los funcionarios ineptos, negligentes, incompetentes y ladrones. Que todos sepan, que independientemente de la filiación partidista de sus sucesores, corren el riesgo de ir a parar a la cárcel, en caso de que incurran en actos ilícitos.   

En el caso de los nuevos, los que entran, que sean integrados a la administración, en el área que habrán de ser designados, para que conozcan el “teje y maneje” de la institución y no los chamaquéen, cuando asuman el cargo. Ahora que si no están capacitados y preparados, para el desempeño de las funciones que les asignarán, que se les advierta que lo digan, que no sean chambistas, o por el contrario que afronten las consecuencias.

A propósito de este supuesto vacío de poder, en los últimos días, ha trascendido que los vendedores ambulantes, que fueron desalojados de la zona centro, pretenden aprovechar el evento de toma posesión del Dr. Jorge Astiazarán Orcí, en el que políticos, y en especial las fuerzas policiacas, estarán concentradas, para volver a los sitios que ocupaban. Deben saber, que las nuevas autoridades están al tanto de esto e incluso saben nombres de los “padrinos” o patrocinadores. Lo de vacío de poder, es puro cuento. En este asunto, se habla de un negocio de carritos. Como diría Catón, no les entendí.  
                                                                                        

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