Por.- Alfredo Calva
Es triste ver como personajes
de la vida política en activo hacen suyos sin rubor alguno, resultados de
acciones y trabajo correspondientes a otros funcionarios, intentando con ello
detener la degradación de su imágen pública por su mala reputación y peor desempeño
con honorabilidad y competencia.
Un claro ejemplo de lo
anterior, es nada menos que el alcalde de Playas de Rosarito, Silvano Abarca
Macklis, quién, sin vergüenza alguna -que en término coloquial significa
cinismo- se arroga las obras de infraestructura deportiva que se han, y se
están realizando en su administración,
como un logro personal, como una ardua labor de cabildeo y gestión ante
la Comisión del deporte de la cámara baja del Congreso de la Unión, y en la
CONADE (Comisión Nacional del Deporte).
En cada ocasión que se le
presenta la oportunidad, que generalmente es en la inauguración de las obras en
cuestión, el alcalde rosaritense en su
estilo rupestre de ejercer el cargo, presume a los escuchas de la ocasión, que
la obra en ese momento puesta en marcha es producto de su trabajo y gestión
ante las instancias federales.