Por.- Alfredo Calva
La muerte del magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE), Marco Antonio López Magaña, destapo lo que en privado todos conocían y en público no reconocían, el crisol de la perversidad y los acuerdos torcidos que son el pan de cada día en el actuar soterrado de sus integrantes, y por sobre ello, los ocultos trastornos psicológicos y psiquiátricos que padecen, pero ocultan algunos de sus integrantes.
El lamentable acontecimiento debe de poner a reflexionar a los integrantes del Congreso del Estado, para que de inmediato trabajen en la modificación de los protocolos de reclutamiento, selección y contratación de todos aquellos que ingresen al poder judicial, en específico los que estén relacionados de forma directa con la impartición de justicia.
